Por Javier Lucena Gómez
A los que hemos leído alguna obra de John Ronald Tolkien (El Hobbit, El Señor de los Anillos,…) nos ha impactado profundamente su pasión por la vida en íntimo contacto con la naturaleza (montañas, caminos, ríos, bosques, flora, fauna, las estrellas, … ), la importancia que da a la amistad y camaradería, y al crecimiento personal, los viajes, la necesidad de vencer obstáculos y desafíos.
Todos estos son valores propios del escultismo. Y no es por casualidad; leyendo su vida, aunque no tenemos muchos datos, uno descubre que, tanto John como su hermano, Hillary, en su etapa de formación, que es transcendental para toda la vida posterior, fueron scouts. Así, sabemos que los dos hermanos, en 1909 eran jefes de patrulla de la recién creada tropa de Boy Scouts del Oratorio de San Felipe Neri en Birmingham. Hay que tener muy presente que el Oratorio, para los dos hermanos, que eran huérfanos de padre, fue su segundo hogar, una verdadera familia espiritual.

El Oratorio adoptó el escultismo muy pronto, solo un año después de que, en 1908, Robert Baden-Powell hubiese presentado este movimiento con su libro Escultismo para muchachos.
El método scout se difundió ampliamente por toda Inglaterra. No era específicamente católico, pero como tenía una base claramente cristiana pudo ser adoptado fácilmente por el Oratorio.
En concreto, el Padre Charles Heurtley, un “hombre risueño y benevolente” (p. 63), que celebraba la misa infalntil de los domingos de forma que los muchachos la entendieran, fue el sacerdote del Oratorio que lo introdujo y apoyó en sus inicios. Bajo su cuidado “los scouts se conviertieron en un grupo exitoso y floreciente” (p. 63)

John Ronald y su hermano tenían a su cargo 3 patrullas, con un total de unos 20 chicos. Esto suponía una responsabilidad considerable, a su edad, entonces, de 17 años.
Un ejemplo de su actividad, que aparece reseñado en el Magazine del Oratorio el lunes de Pascua de 1909: “la patrulla scout marchó con elegancia tras la Boy’s Brigade, grupo católico de Coventry, que estaba de visita. Desfilaron al son de una excelente banda de cornetas, jugaron dos partidos de fútbol,tomaron el té y regresaron al oratorio para el servicio de bendición eucarística” (p. 49)

Para la redacción de este artículo, nos hemos basado en el libro de Holly E. Urdway, La Fe de Tolkien, Biografía espiritual, Ediciones Mensajero, Bilbao, 2024.
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